domingo, 29 de mayo de 2016

Sobre mí


 Nací en Barcelona, en el año 62.
Mis padres tenían un gimnasio de los de antes, así que me crié en un ambiente en el que se daba importancia a llevar una vida saludable. Tengo muy buenos recuerdos de lo vivido en el gimnasio, de conversaciones interesantes y buenos momentos compartidos, de verdaderas amistades que perduran, con las que aprendí a compartir momentos alegres y tristes, a aceptar triunfos y derrotas y a avanzar acompañada en momentos difíciles por los que transitó mi familia.
Mi padre me transmitió el amor hacia el equilibrio entre una mente y un cuerpo sanos, algo que él ha procurado practicar hasta el presente, con ya casi 87 años. Su gimnasio expresaba muy bien esta cualidad suya y elegía cuidadosamente a los instructores.
Así, tuve la buena fortuna de conocer ya desde muy niña grandes seres que se habían formado cuidadosamente en sus propios países como maestros de diferentes artes marciales, sobretodo judo o karate, aikido y kung fu. En su momento, mi relación con ellos fue muy estrecha y su influencia muy importante en mi forma de ver la vida, porque me mostraban una filosofía que no era la que me aportaba mi cultura, por lo que me siento muy honrada de haberlos conocido. Mis padres, los dos de una espiritualidad intensa y muy particular, cada uno a su manera nada convencional, gozaban mucho con su compañía, así que tuve muchas oportunidades de conocer aquella manera de ver la vida tan diferente a la que veía a mi alrededor.
Eran los primeros maestros de artes marciales que aparecieron por el país. Antes de su llegada estos temas apenas se conocían en occidente. Era la época de la serie Kung fu y de Bruce Lee y muchos expertos conocedores de aquellas artes decidieron salir de sus países y recorrer el mundo compartiendo su sabiduría. En las culturas orientales se tiene en cuenta una área de percepción mucho más amplia. Sus filosofías buscan el equilibrio en el desarrollo del potencial humano. Cuando la gente me habla de China o Japón como modelos de trabajo enfocados hacia el capitalismo les recuerdo que hay mucho más que no tenemos en cuenta de aquellas culturas donde lo ancestral aún perdura.
Siempre me interesó el estudio de los mundos sutiles, aunque no a nivel fenomenológico. Por el contrario, mi interés provenía de ser muy consciente de que lo que veíamos y lo que me habían enseñado en la escuela era muy poco en comparación con la realidad que yo percibía. Así que me interesé por libros y cursos de astrología, alquimia, gobierno de la mente, yoga y muchos otros temas que son despreciados por las mentes que se atienen al limitado rango de la realidad que ven o que se les muestra. Leí con mucho interés libros que hablaban de otras realidades y libros antiguos como el Mahabaratha, fragmentos de los Vedas, la Biblia, las epopeyas de Gilgamesh, el código de Hammurabi, el Tao Te King, el I Ching y sobre mitología griega o de otros lugares. Esta búsqueda del verdadero pasado y origen nunca se detuvo, aunque mi visión de todo ello ha cambiado mucho desde aquellos tiempos.
En el año 78 conocí a Mathia Tarrés, una experimentada astróloga que tenía una escuela en Barcelona desde donde compartía sus conocimientos de astrología, simbología y conocimientos ancestrales. Aprendí y colaboré durante años con ella y con diferentes profesores que pasaron por su escuela.
Dado mi interés hacia las filosofías antiguas asistí como oyente al estudio de filosofía y religiones del antiguo oriente en la universidad de Barcelona. Estuve un par de años estudiando, hasta que comprendí qué había ido a buscar allí y ya no fue necesario continuar. Seguí estudiando por mi cuenta.
A los 18 años decidí dejar de comer animales. Ya desde niña me suponía un conflicto hacerlo y era fuente de discusiones en casa, ya que mis padres pensaban que no podría tener una buena salud sin comer animales. Fue una decisión difícil puesto que no había nadie a mi alrededor que no comiera carne, así que empecé buscar respuestas frecuentando ambientes naturistas y vegetarianos. Por afinidad, acabé trabajando en lugares como la revista Integral, CuerpoMente y Conciencia Planetaria. También participé durante unos años en diversos programas radiofónicos, comentando temas de salud y conocimiento ancestral.
Me inicié en esa época en el estudio conocimientos como la macrobiótica, la nutrición vegetariana y las terapias energéticas.
Tuve el privilegio de conocer muy a fondo la filosofía del yoga a través del maestro P. Kumar de la India. Con él comprendí lo importante que es darse cuenta de que la realidad en la que vivimos tiene unas leyes que la rigen y que no nos son conocidas, aunque sí las podamos percibir. Me demostró a nivel particular cómo mis creencias estaban afectando a lo que ocurría en mi vida. Su impecabilidad y su ejemplo fue el mejor maestro que haya tenido en mi vida en cuanto a responsabilidad. A su lado conocí temas que han sido fundamentales en mi vida como el manejo de la energía, la importancia de ser impecable a nivel mental y coherente en la acción, así como también las bases del ayurveda.
Cuando de niña pensaba en qué sería “de mayor” deseaba estudiar medicina, pero cuando me di cuenta del enfoque que se daba al tema en las universidades descarté la idea por completo porque vi que la visión respecto a la salud que se ofrecía en las universidades no tenía nada que ver con lo que yo había aprendido de manera autodidacta. Por ello, decidí seguir estudiando por mi cuenta e hice incursiones en muchos temas terapéuticos. Intentando desvelar el conocimiento del cuerpo y la psique humana estudié en varias líneas con diferentes profesores: ayurveda, fitoterapia, esencias tanto florales como minerales, iridología,  medicina tibetana, macrobiotica, y diversas terapias psicoterapéuticas (AT) e iniciativas pedagógicas (Waldorf) que ayudan a comprender cómo funcionamos.
Mis profesores han sido muchos en estos años: Jacques Haesert, Sudhakar Powar, Marion Leigh, profesores de la pedagogía Waldorf, del arte de la palabra, de la euritmia y otros muchos más.
Un punto de inflexión fue conocer los descubrimientos del doctor Rike Geerd Hamer. Me di cuenta de que suponían un giro completo en el entendimiento acerca de la salud y la visión de cómo se inician y avanzan los procesos que vive el cuerpo, mal llamados enfermedades.
Para mi era muy evidente que el concepto acerca de la enfermedad, tanto por parte de la medicina convencional como de la “alternativa”, no se ajustaban a lo que veía con mis propios ojos. A medida que fui haciéndome preguntas cada vez más a fondo, las respuestas me llevaron a descartar de base el concepto de enfermedad que tiene la medicina convencional, pero también la alternativa.
Conocer al doctor Hamer fue una enorme revelación. Cuando, a partir de sus descubrimientos, comprendí cómo se iniciaba la enfermedad, fueron clarificándose muy rápidamente aspectos que la programación con la que nos educan no me habían permitido ver hasta entonces. La intuición y la observación directa, sin prejuzgar, me habían ayudado a mantenerme consciente de que las cosas no eran como me las estaban contando, así que investigaba intentando mantener mi mente independiente de lo aprendido, observando la realidad tal y como se presenta. A partir del momento en que me hablaron de las leyes naturales descubiertas por Hamer empezó un despliegue de comprensión mucho más intenso. Actualmente, considero que todo médico o terapeuta debería conocer esas leyes antes de tomar en sus manos la responsabilidad de acompañar a un paciente.
Además del mundo terapéutico, me he dedicado a fondo a temas de crianza desde que conocí a mi marido y fui madre. Como vivo siempre intensamente mi presente, mi marido y mis hijas han supuesto para mi una expansión tras otra: todo un mundo de batallas, alegrías, comprensiones, momentos de plenitud y otros de desánimo y enormes dosis de complicidad tanto con mi marido con mis hijas. Sentí que había por delante toda una revolución, tanto en lo que respecta a la pareja como a la maternidad. En mi necesidad de dar respuesta a las cuestiones que se presentaron me uní con otras personas en varias iniciativas de crianza y educación “alternativa”. Me impliqué a fondo junto con mi marido en iniciativas que promueven una crianza natural y respetuosa. Fui monitora de lactancia materna y co-fundadora de varias asociaciones de crianza natural.
Venimos de unos tiempos en que se creía que había que someter al niño y dejarlo sin voz (in-fancia). De fondo está el propósito de dejar sin voz al individuo para que no piense por sí mismo.
Mi propósito está enfocado en que cada individuo brille con luz propia. Actualmente sé que todo lo que he aprendido me ayuda a llevarlo a cabo.

Marisa Ferrer

29/5/2016

PD:
Marisa falleció el 3/5/2019.
Su familia hemos querido que sus publicaciones continuen a disposición de los lectores de forma indefinida.

sábado, 21 de mayo de 2016

Donde empiezan las preguntas

Todos los días se nos plantean situaciones que nos piden una explicación. Pueden ser pequeños retos o enormes misterios. Así, vivimos pequeños ciclos que se inciciaron con una cuestión cuya respuesta viene rápidamente o grandes ciclos que tardan tiempo en ser aclarados. Si escuchamos atentamente, colocándonos a la distancia justa de la situación y yendo más allá de miedos y limitaciones, veremos que estos retos pertenecen a unas pocas cuestiones que se nos van planteando una y otra vez a lo largo de la vida, formando un entramado que lo relaciona todo y es nuestra historia. Paulatinamente nos vamos dando cuenta de que estas pocas cuestiones se manifiestan constantemente con diferentes actores y escenarios. Se nos repiten en el tiempo cronológico la causa profunda va más allá de este tiempo lineal.
Tras ciclos de cierta calma, en los que creemos que "ya hemos aprendido", suceden eventos ante los cuales nos damos cuenta de que "hemos vuelto a fallar” en algo que creíamos superado, provocándonos desazón al interpretar que “algo va mal”. Esa desazón nos impulsa a menudo hacia una búsqueda que incluye todo lo que nos parece posible: decisiones del pasado, de vidas anteriores, de nuestros antepasados, de personas próximas o lejanas, aspectos astrológicos u otros aspectos variados. Buscamos en nosotros pero también en “los otros” las causas a lo que nos sucede a fin de desenredar el nudo que sentimos que no nos deja avanzar con paso firme. Y si la solución que encontramos nos hace sentir que no está en nuestras manos (otras vidas, antepasados, otras personas) nos removerá sólo si la vivimos como propia y real, no como una imaginación del pasado o de otro universo.
Hace años alguien me dijo en la India que los niños hasta los 7 años viven experiencias que representan un inicio a cuestiones que van a tener que resolver durante la vida. Según esta creencia, una persona que murió ahogándose en otra vida, puede retomar el tema volviendo a ahogarse en sus primeros años. Lo mismo respecto a temáticas con los antepasados. Así cada reto que se viene a resolver en esta vida se va a presentar en forma impacto en algún momento concreto de la infancia, marcando el inicio de un ciclo que tendrá sus diferentes fases hasta ser resuelto. En ese primer impacto estarán presentes todos los actores y factores implicados necesarios para encontrar una solución. Es interesante darse cuenta de que concuerda exactamente con los descubrimientos del doctor Hamer en el nuevo paradigma médico.
Este tema tiene mucha miga, ya que esta creencia nos puede hacer llegar a la conclusión de que necesitamos a alguien que sepa “de eso” y que no lo podemos resolver por nosotros mismos. Nos vemos así impulsados a la búsqueda de los expertos que poseen nuestras respuestas. En ese punto, se ha de discernir muy bien para hacerse cargo de la situación que, al fin y al cabo, es propia y por tanto se ha de mantener en las propias manos, tanto si se consulta a alguien como si no. Si sentimos que la situación no está bajo nuestro control y la dejamos en manos de un experto, aumenta nuestra vulnerabilidad. Fijémonos en el éxito que tienen temáticas de extraterrestres, vidas pasadas, traumas pasados olvidados… Si una persona cree o intuye que todo esto es cierto, como es incomprobable,  puede llegar a creer lo que se le dice sin confrontarlo ni investigarlo. El desconocimiento de otras realidades o de temáticas respecto a la energía o la consciencia puede llevar a la persona a una enorme confusión y a cada vez más desconexión de sí misma. Si se consulta a alguien en temáticas que se desconocen, es fundamental elegir a alguien capaz de conducir al otro hacia sí mismo y no hacia fuera.
De todas formas, nuestra sabiduría espiritual permanece y aunque aparentemente se pierda el camino una y otra vez se sigue recibiendo su guía, de igual manera que al GPS del coche sigue sugiriendo una ruta reubicándose constantemente allá donde uno se encuentre: gire a la derecha, siga recto... Nada es más importante en esta vida que mantenerse consciente de esa guía.
Nos pasa a menudo que conduciendo el coche estamos embobados con la música, la radio o simplemente nuestros pensamientos y se nos pasa la salida que habíamos de tomar. Quizá estamos escuchando una música maravillosa, flotando en un mundo sutil y no recordamos que estamos aquí encarnados y nos dirigíamos hacia un cierto lugar.
Hace unos días hablaba de cosas sublimes con un buen amigo y salí del lugar tan feliz y exultante que no miraba ni el suelo. El resultado es que tropecé y salí despedida, dando tres o cuatro largos pasos hacia delante para acabar cayendo en el frío suelo. Recordé que esto no es ninguna broma y que hay que estar atenta en todo momento, sobretodo cuando estás con otras personas fuera de casa. Ese día sólo perdí un poco de "dignidad", pero a veces se puede perder algo mucho más valioso.
Si penetramos cualquier espacio confiados en nosotros mismos, sabiendo que nada es casual y manteniendo nuestra integridad en nuestras propias manos lo que sucederá nos enriquecerá. La confianza en uno mismo transforma los espacios en propicios. Nos los "a-propiamos"
Desde que venimos a este mundo recibimos un bombardeo constante de mensajes para dejar de confiar en nosotros mismos. El niño bueno es el niño obediente, el que no cuestiona, el que hace los deberes con diligencia, el que acata lo que le mandan sea justo o injusto… A medida que avanza nuestra vida los mensajes siguen, a menudo de forma muy sutil, por parte de las miles de formas de supuesta autoridad, ya sea familiar, laboral, espiritual, sea a través de dogmas religiosos, doctrinas, todos ellos manteniendo el dedo acusador, procurando desviar nuestra atención de nuestra propia certeza. Si nuestra mirada se posa en ellos excesivamente nos desconectamos de nosotros mismos.
El recurso que más confusión está creando actualmente es la palabra ego, que se ha introducido en las nuevas religiones continuando con el programa de mantener a la persona en la dualidad.
Se ha convertido en el relevo útil de la palabra pecado del catolicismo. La culpa hunde al individuo en lo incierto.
Encallarnos en el concepto “ego” nos impide ver más allá de la dualidad: “el ego o yo”. Tener que distinguir entre dos yos se convierte en una trampa entre el ego y “yo que no sé quien soy”. Y si desde ese estado interior consultamos “expertos” -médicos, terapeutas, sacerdotes, maestros- su banquete está asegurado. Ellos crecerán y nosotros menguaremos, nos debilitaremos, perderemos nuestra integridad. Las carencias que permanecen en nuestro inconsciente sin ser enfrentadas, abrirán la brecha que en algún momento tendremos que cerrar. Nuestro brillo depende de escuchar nuestra propia voz. No vale abrir brechas para que entre la luz del otro.
No queda otra que experimentar una y otra vez en nuestro propio universo y observar nuestra propia huella. A través de todo ello iremos recuperando nuestra integridad y transitaremos nuestro propio camino. Con la paz que deviene de la coherencia.
Marisa Ferrer
21 mayo 2016
Autora:  Marisa Ferrer  Fecha: 21/5/2016

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domingo, 17 de enero de 2016

Mi amigo gorrión

En el año 92 estuve un verano trabajando en el camping de unos amigos.
Un día entró un gorrión en el recinto donde transcurría mi quehacer laboral y se estrelló contra el cristal. Me acerqué y lo recogí intentando asustarlo lo menos posible. Me lo llevé a mi hogar-caravana. Le di un poquito de pan mojado en agua y el gorrión se fue quedando tranquilo y recuperando. Se quedó a vivir conmigo durante unos días.
Fue una experiencia muy intensa porque experimenté y comprendí cosas que nunca me había planteado. Una de ellas fue que la relación con un ave no es diferente a con un perrito o un gatito. Con los años me he dado cuenta de que a un nivel profundo es lo mismo con un árbol, con una planta, con un pez... Simplemente son lenguajes diferentes.
Llevaba al gorrión conmigo a dar paseos posado sobre mi hombro. Hablaba con él en muchos momentos y me acompañaba a todas partes. Cuando alguien se acercaba el gorrión permanecía en mi hombro y no se dejaba tocar, a excepción de mi amigo propietario del cámping, que tenía el privilegio de recibir también tan simpático huésped en su hombro cuando nos encontrábamos.
Me daba cuenta de que el gorrión tendría que partir. Un día salimos a dar un paseo y lo posé sobre mi mano diciéndole algo como: venga, vuela, sigue tu camino! Y él así lo hizo y se fue volando.
A pesar de que sabía que así había de ser quedé muy entristecida, sintiendo la pérdida intensamente, echando de menos su compañía.
Pasaron los días y llegó mi cumpleaños. Fui a trabajar como todos los días y  de repente apareció el gorrión volando. Se acercó a mi y se puso sobre mi hombro. Yo lo acaricié y le dije que era el mejor regalo de cumpleaños de mi vida. Se quedó unos momentos conmigo y después volvió a salir volando. Me di cuenta, como en otras ocasiones, de que la pérdida en realidad no existe.
Autora:  Marisa Ferrer  Fecha: 17/1/2016

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domingo, 8 de noviembre de 2015

VIVIENDO EN COMUNIÓN CON LOS DEMÁS SERES


Esta mañana paseábamos mi perro y yo tranquilamente.
Me resulta extremadamente placentero contemplar el jardín de una vecina porque es un lugar bellísimo. Es discreto, no esplendoroso aparentemente, pero si te paras a mirar te das cuenta de que la persona que lo cultiva vive con gran sensibilidad y conocimiento del mundo vegetal. Parar al límite del jardín y contemplar y oler es un maravilloso regalo que te sitúa en comunión con los demás seres al instante.
Hoy vi que había florecido una mata de margaritas muy grandes. Me acerqué y me llamó la atención el centro de las margaritas. Me quedé como hipnotizada contemplándolo, dándome cuenta de que no era mirar “desde fuera” sino siendo uno con él.


Lo observé y me di perfecta cuenta de cómo aquel centro de una geometría tan perfecta me estaba modificando internamente. Al lado hay un madroño y vi de que habían salido ya frutos. Tomé uno y lo saboreé.  Y ahí, al lado de mi perro, saboreando el fruto del madroño y contemplando el centro de una margarita me di cuenta de que a medida que vamos poniéndonos en comunión con los seres que nos rodean regresamos a la paz, al amor más profundo, a donde todo tiene sentido.
A veces, paseando, me acerco a las flores y contemplo sus colores. Ya hace tiempo que descubrí que si miras atentamente el color y cierras los ojos el color te llena a ti. Y no es como visualizar un color inexistente que te imaginas, es algo mucho más poderoso. Ese ser que ha desarrollado ese color lo comparte contigo. Lo mismo me pasa cuando paso por matas de hierbas aromáticas. Me acerco al romero, lo toco con los dedos y cuando huelo sé que ese aroma me está transformando por dentro, llevándome a niveles muy esenciales de mi misma. Es algo más allá de mi intelecto. Simplemente sucede todo el tiempo en la naturaleza y si uno está presente se da cuenta de ello.


Tenemos el anhelo de vivir en el campo, en medio de la naturaleza, pero si vivimos en el campo y no vivimos en comunión con los seres no sirve de nada. Porque no es la posibilidad lo que permite la experiencia, sino la vivencia real de esa experiencia.
Podemos estar en un piso en medio de una ciudad y estar experimentando comunión. Por supuesto es mucho más difícil, porque los seres allí están limitados y sus cualidades están siendo interferidas constantemente, pero es posible. Pero no cabe duda de que si vivimos cerca de la naturaleza y tenemos ocasión de contemplar árboles, flores, plantas, animales entramos en comunión con ellos y comparten sus cualidades con nosotros.


Cada ser del universo está experimentando unas cualidades. Experimentan con colores, formas, olores... Nuestra mente limitada y programada lo lleva todo a su propio lenguaje. Humaniza a los perros y a los gatos imaginando lo que están pensando o el por qué de sus actos. Pero el lenguaje de perros o gatos es muy diferente al humano y lo que comparten con nosotros tiene poco que ver con lo que suponemos. Sólo estando presentes nos damos cuenta de qué comparten con nosotros y entramos en comunión con ellos, en un amor resonante de elevada frecuencia.
La naturaleza es la clave. Los seres llevan millones de años experimentando y a cada oportunidad de compartir en comunión ampliamos nuestras cualidades lo que nos permite comprender mejor el universo y vivir en plenitud.
¡Nos queda tanto por experimentar en el mundo real! Ese mundo en el que se tocan el sueño y la vigilia. En ese mundo estamos los seres y ahí no importa si estamos dormidos o aparentemente despiertos.



Autora:  Marisa Ferrer  Fecha: 27/4/2015

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jueves, 5 de noviembre de 2015

El legado del doctor Hamer

Empecé a oír hablar acerca de los descubrimientos del doctor Hamer tras décadas de estudio intentando comprender cómo funciona la salud del ser humano e incluso de los animales y las plantas.  He tenido la suerte de estudiar con muchas personas procurando comprender lo que las medicinas ancestrales y los grandes sabios nos han transmitido a lo largo de los siglos.Considero un privilegio haber tenido la oportunidad recibir enseñanzas de profesores muy interesantes que han dedicado su vida al estudio y difusión de este conocimiento. Muchas de estas personas ni siquiera son reconocidas por la sociedad, ya que vivieron la vida acercando este conocimiento a las personas que los consultaron sin tratar de darse a conocer.
Tuve la suerte de estudiar y conocer a nivel particular a Jacques Haesert, quien me introdujo en la medicina tibetana. Jacques vivía una vida de lama-hermitaño en su pequeña casita en el campo en Francia, recibiendo a cuantos le pedían consejo. También se dedicó a la formación en profundidad de muchas personas. Su enseñanza iba mucho mas allá de lo simplemente físico y abarcaba la comprensión del funcionamiento del ser humano a nivel espiritual.
Cuando acabó su andadura en este mundo, Jacques murió en meditación: un día cerró sus ojos y calmó su mente, desconectando de su avatar en paz y seguramente en plenitud de consciencia.
También aprendí medicina ayurvédica con varias personas, todas ellas de la India y con una larga experiencia de generaciones de dedicación al tema. El conocimiento del ayurveda es muy extenso y te ayuda vivir la vida siguiendo unos consejos y prácticas que permiten mantener un equilibrio que se refleja en las personas que lo siguen. Es la fuente tanto de la medicina tibetana como de la china, que son posteriores.
Con todos estos maestros aprendí que el equilibrio de las energías, el cuidado con los alimentos y las impresiones que se reciben, así como que el manejo de la mente y las emociones es lo mas importante para vivir de una manera vital y saludable. Sin embargo, me daba cuenta de que había algo más que no se tenia en cuenta o a lo que se daba un papel secundario cuando se trataba de la clave fundamental sin la cual lo demás se convertía en ir poniendo parches y gastando mucha energía para estar siempre limpiando y purificando. Todo ese conocimiento implicaba una vida de esfuerzo por mantener un equilibrio y por comprender los procesos que se daban en el organismo.
Había siempre algo que no me acababa de encajar. Sentía que faltaba una pieza importante sin la cual todo se convertía en algo extremadamente complejo y complicado, además de librado al azar.
A menudo me encontraba con una manera de ver el ayurveda o la medicina china casi supersticiosa, en la que, por ejemplo, se excluían muchos alimentosde forma sistemática. Actualmente está sucediendo lo mismo con el gluten y los cereales en general.
Me venían a la mente los ancianos que conocí en mi niñez en el pueblo de mi abuelo en Guadalajara, gente de campo que comía cerdo y pan como alimentos básicos y casi únicos y llegaban a casi 100 años. A pesar de que yo me alimento exclusivamente de vegetales, lo que había visto en el pueblo me recordaba una y otra vez que la alimentación no era la clave sino que sólo era lo que mantenía un organismo con mayor o menor vitalidad de cara a tener más posibilidades de superar enfermedades, pero era consciente de que tenía que haber algo más. Había algo de base erróneo o incompleto en la manera de ver la medicina tanto oficial como alternativa.
Esa clave llegó cuando conocí los descubrimientos del doctor Hamer.
La primera vez que oí hablar de él me di cuenta de que conocer sus investigaciones transformaría todo lo que había aprendido acerca de la salud hasta entonces.
En el primer curso que hice sobre Nueva Medicina Germánica vi pasar muchos de los procesos que me eran conocidos de familiares y amigos, de los cuales conocía la vida y los conflictos que habían vivido. Las mal llamadas enfermedades de mis padres, hermanos, amigos… todas cobraban un sentido completamente diferente al que habían tenido hasta entonces. Lo que yo sabía de estas personas y sus conflictos encajaba a la perfección con las explicaciones del doctor Hamer de cada proceso. Esa comprensión me ayudaba a recuperar la confianza y la esperanza de tal manera que recuerdo haber sentido mucha emoción. Surgía del reconocimiento de estar viviendo un momento trascendente en mi vida.
Con los años me he dado cuenta de que comprender sus descubrimientos no provoca únicamente una transformación a nivel particular, sino que también implica una auténtica revolución a un nivel general, que atañe a nuestra historia como humanidad. Realmente, los descubrimientos del doctor Hamer cambian por completo el paradigma respecto a la salud vigente los últimos miles de años. Y utilizo la palabra "miles" con plena consciencia, sin ninguna intención de idolatrar ni de exagerar. Tengo muy claro de qué estoy hablando.
Y lo digo sin subestimar a los grandes sabios, magos y sanadores de la antigüedad. Ellos exploraron a fondo muchos aspectos del universo y sus revelaciones han sido de una enorme importancia en nuestra historia.
Sin embargo, Hamer nos acerca a una realidad muy diferente de lo que creíamos que era la salud. Mucho más simple y comprensible de lo que jamás hubiéramos sospechado. Sus descubrimientos suponen un golpe sobre la mesa tan ruidoso que ha sido perseguido, se le ha intentado asesinar en varias ocasiones (tiros, accidentes, envenenamientos…), ha pasado por la cárcel, se le ha intentado encerrar en un psiquiátrico… Los últimos años de su vida permaneció en un lugar de los fiordos noruegos.
Los descubrimientos del doctor Hamer suponen la posibilidad de devolver el gobierno de la propia salud a la persona, al presentarse la posibilidad de comprender qué sucedió y en qué punto se está de manera muy sencilla. La complejidad que uno pueda encontrar pertenece a su rico mundo interior y al descubrimiento de sí mismo.
Hamer insiste en que él únicamente ha descubierto cómo funcionan una serie de procesos en el cuerpo. La mayor importancia radica en que lo ha investigado, no inventado. Lo ha descrito como leyes que se dan de una manera exacta, lo que facilita mucho su comprensión cuando las aplicas en los procesos que vivimos en el cuerpo o en la psique. No ha inventado ninguna terapia. Su descubrimiento es perfectamente verificable por cualquiera que lo observe con atención.
Ha descrito perfectamente las etapas de cada proceso (enfermedad) y sus diferencias en función del tipo de tejido afectado. Vemos descritas las enfermedades que implican la supervivencia, el ataque, de territorio o de relación diferenciadas por tejidos que pueden ser afectados.

Hamer ha compartido con quienes lo han escuchado su increíble descubrimiento, que aunque muchos intuíamos no habíamos conseguido determinar:
Que toda enfermedad se inicia con un conflicto biológico y que dependiendo de cómo vivió esa persona el conflicto el proceso afectará a unos tejidos o a otros.
Ha creado un certero mapa de zonas del cerebro donde podemos comprobar lo que sucede en todo el cuerpo, tejido por tejido e investigar en qué fase se encuentra.
Ha determinado cómo son las fases de una “enfermedad”, lo que nos da la posibilidad de comprender si el conflicto que inició el proceso se resolvió o no, algo de vital importancia, además de las manifestaciones que están teniendo lugar en el organismo en cada fase.
Ha reconocido el papel real de virus, hongos y bacterias como parte de los procesos de curación de los seres vivos. Ese es otro de sus descubrimientos más extraordinarios que barre o más bien reordena todo lo creído hasta el momento.
En definitiva ha demostrado que todo lo que ocurre en el cuerpo está pleno de sentido y poco tiene que ver con el azar. Con ello eliminamos la fascinación y la idolatría hacia la bata blanca, que son las sotanas modernas, devolviendo la búsqueda de la propia salud hacia dentro de uno mismo, que es donde están las causas de lo que le ocurre a cada ser vivo en particular.
Algo muy importante y que destacan las personas que han comprendido el alcance de los descubrimientos es que a partir de ellos comprendemos que las manifestaciones en el cuerpo no son por «haberse vuelto locas las células», por «ser defectuoso» o por casualidad. Procesos como el cáncer o las llamadas enfermedades incurables toman un cariz completamente diferente a la vista de las 5 leyes biológicas.
Tengo muy claro que cualquier persona que se dedique a ayudar a los demás en el aspecto médico o psíquico gana una herramienta clave conociendo las leyes descubiertas por Hamer. Sin ellas su aportación a la curación de su paciente supone sólo una apuesta. Tengo la certeza de que es así.
Conocer cómo vivir una vida saludable, comiendo buenos alimentos y teniendo buenos hábitos es algo positivo, pero las enfermedades se darán a pesar de todo ello, debido a que en nuestra vida vivimos situaciones ante las que nos sentimos superados que inician procesos de mayor o menor gravedad dependiendo de la intensidad de las situaciones y de la cantidad de tiempo que mantengamos los conflictos activos, sin resolver.
Supongamos que tengo una bronquitis, que es una “enfermedad” que se da en fase de solución de un conflicto ya resuelto. Si voy al médico éste me dará antibiótico por si acaso, para que no se complique. Si voy al acupuntor me ayudará a equilibrar las energías, mejorando mi vitalidad. Pero si comprendo cuál fue el conflicto que resolví y qué está sucediendo entenderé con mucha exactitud el proceso que he vivido sin añadir miedos ni un sufrimiento extra y actuando mucho más adecuadamente.
Tras estudiar a fondo este conocimiento es cuando decidí dedicarme al máximo a su divulgación, como otras muchas personas. Lo hago a través de todos los medios posibles porque creo que toda la población debería conocer este tema para poder recuperar lo antes posible la soberanía de su propio organismo.
Autora:  Marisa Ferrer  Fecha: 5/11/2015

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jueves, 15 de octubre de 2015

HECHIZOS

Algunas situaciones de nuestro día a día contienen elementos que nos resultan desagradables. Notamos que es así pero no pensamos en ello hasta que la irritación va en aumento y empezamos poner más atención en ello, adoptando una actitud lo más libre posible de prejuicios que va dejando a la vista el esqueleto de lo que nos irrita.
Así, llega un momento en que se empieza a aclarar qué es lo que nos molesta realmente. El instinto nos habla a través de esa sensación desagradable dándonos la oportunidad de comprender que algo de nuestro quehacer diario no está yendo en la dirección que necesitamos.
Así me sucedía particularmente cuando acudía a los supermercados y veía a la gente comprar. El ruidito de los plásticos entrando en el carrito me resultaba muy desagradable. Un día me di cuenta de que aquello que introducían en sus carritos, aunque técnicamente podamos llamarlo alimento, sólo cubre necesidades de un cierto rango. La irritación ante aquel desagradable ruidito me estaba hablando de algo que realmente actúa como símbolo de una gran mentira acerca de nuestras creencias respecto a los alimentos. 

 Alimentarse de forma natural (lástima que la palabra esté tan manipulada) no pasa ni por plásticos, ni por descripciones de elementos nutricionales, ni fórmulas complicadas, sino que es algo simple y cercano. Sin embargo, se está viviendo un hechizo enorme, incluso diría espectacular, que nos dice que comer es complicado, tener los nutrientes que necesitamos es difícil, que sugiere que necesitamos productos especiales o vamos a enfermar... Hay un negocio gigantesco tras ello. Lo puedo garantizar, porque tengo el privilegio de constatarlo día a día en mi propia tienda donde van viniendo los clientes expresándome sus dudas y miedos y los proveedores con soluciones de lo más rocambolesco.
Supermercados de plástico repletos de contradicción, tanto grandes como pequeños, donde hay montones de productos con colores chillones y dibujos de personas felices porque comen un cereal super procesado, cerditos felices porque van a ser devorados, leches y lácteos con fotografías de prados con vacas felices de que les quiten a sus crías y a las que hacen estar permanentemente embarazadas... Ahora incluso tenemos franquicias ecológicas llenas de plásticos para recordarnos que de ese oasis de autocomplacencia falsa no escapan ni los que creen que lo hacen y que la incoherencia ha anidado en todas partes.
A lo largo de los años he visto un patrón constante en muchas cosas: algo que sucede de manera natural es reconducido artificialmente a un doble controlado que no va a favor de los seres vivos sino de los mercados.  Pongamos por ejemplo el movimiento hippie que acogió la necesidad de una generación que nació para recuperar la libertad, volver a la naturaleza y romper cadenas que limitaban.  A menudo se habla de decepción, cuando se mira atrás y se ve dónde condujo aquello: yuppies, adicciones o distracciones mediante drogas de varios tipos, utilización de ciertas músicas para crear estados de inconsciencia, confusión entre sexo y relación... Nací al mismo tiempo que el movimiento y contemplé cómo se “duplicó” en algo artirficial y limitante.
El gran símbolo de todo ello lo tenemos en los anuncios de Cocacola que nos ha acompañado durante décadas: “sé tú mismo y vive tu libertad” mientras te tomas una idiotizante bebida llena de azúcar y sustancias que mantienen vigente el hechizo.
Lo mismo hemos vivido a través del movimiento new age.
Un ejemplo de ello lo vemos en la música. Recuerdo que cuando era joven me daba cuenta de que la música new age era en cierta manera una tomadura de pelo. Emulaba la naturaleza con sus sonidos de agua, de pajaritos, de viento y ballenas, hechizándonos mediante nuestra necesidad de volver a lo natural.
Había músicos componiendo e interpretando obras de gran belleza musical, pero al mismo tiempo podías escuchar música en la que simplemente se ponían unos cuantos elementos juntos y ya está: un poco de pajaritos, un piano tocando una pequeña melodía tranquila y una flauta tocando 3 o 4 notas en cierto momento y al oyente le parece que está en paz en una sala blanca con todo en orden, con unas plantas de bambú y una figurita de Buda. En algún lugar debe haber la fórmula simple del hechizo que incluye el sonido, los colores y las fragancias de sándalo.
No cabe duda de que esos elementos están ahí porque emulan necesidades reales del ser humano y por eso nos gustan. Es como si vas a Santander desde Barcelona y cuando llegas a Zaragoza en el letrero de Madrid te pone Santander. Como vas a Santander tomas el camino que te indica el letrero pero no hay manera de llegar, porque realmente ese camino no va donde crees. ¿Suena a pesadilla? También en los sueños se dan estas trampas, pero allí podemos ver más rápido adonde llevan porque en los sueños todo es más real.
Ahora pasa lo mismo con la música “espiritual”: pones un poco de hang, haces sonar 4 cuencos, un poco de sonido de mar y “te sientes en paz”. No pueden faltar los mantras que te transportan a una zona espiritual mediante unas cuantas invocaciones a algún dios hindú o de otro lugar que en realidad no conocemos pero damos por supuesto que es positivo porque es espiritual y que nos va a favorecer invocarlo sea quien sea. Es el post-hippismo musical espiritual que intenta recoger las últimas ovejas para que no se descarríen y consigan darse cuenta de que en su esencia no necesitan ni músicas ni lisonjas cuyo único propósito es ganar nuestra voluntad.
Lo mismo ha pasado con las terapias. Tenemos cursos y más cursos siempre con el mismo lema: “tu puedes” (Yes you can). Se hace un curso tras otro, cada uno con su consabido despertar pero nos mantenemos enredados buscando un “despertar mayor” que parece que nunca llega. Pequeñas certezas muy reales, por cierto, porque nuestro Ser aprovecha cualquier oportunidad para hacerse oír, pero como no damos el gran paso de darnos cuenta de quiénes somos realmente, seguimos teniendo un día de “hoy desperté” y tres de “algo aún va mal”.
No nos damos cuenta de que los procesos naturales que se dan constantemente en nuestra vida están siendo el blanco del ataque de lo artificial puesto ahí para nublar la mente.
El colmo de esta duplicación es el trato de lo que llamamos enfermedad. ¿Que significa enfermedad? Falto de firmeza. En los procesos que vivimos (lo que llamamos enfermedades) lo que está en juego es la firmeza y es justo lo que siempre está buscando recuperar el cuerpo. ¿Qué necesita? Lo real, lo natural, el contacto con lo que realmente se es (nada que nos resulte ajeno o tengamos que leer en ninguna parte), alejando lo artificial que nubla la mente. Lo que necesitamos ya lo estamos teniendo (inflamación, dolor, síntomas) y lo absurdo es que es para lo que justamente vamos al médico al interpretar incorrectamente las señales. Y el médico (supuestamente el experto en salud) interpreta que hay que acallar los síntomas sin la más mínima idea de hacia dónde van y sin preguntarse algo tan esencial como cuál es el propósito del cuerpo al manifestar esos síntomas.
La humanidad busca sobrevivir, pero no se da cuenta de que el mecanismo para sobrevivir está siempre activo, porque lo que somos es indestructible y cada proceso que se da de manera natural en nuestro cuerpo está buscando hacernos más firmes, aportando lo que se precisa.
Sólo hay una manera de que realmente recuperemos esa firmeza interna y es escuchándonos a nosotros mismos, dejando de distraernos con sermones modernos que nos dicen que lo que sentimos es incorrecto (el dolor, la tristeza, el enfado, la irritación...). Dejar de creer que algo va mal para poder hacernos cargo de lo que realmente se presenta sin culpa ni miedo, poniéndonos de nuestro lado e invirtiendo en nosotros mismos.
De hecho, la confusión se da cuando no nos damos cuenta del verdadero valor de todo lo que se presenta. Cuando no estamos atentos interpretamos incorrectamente las señales. Mirando hacia fuera dejamos de escuchar las señales en nuestro interior. Escuchamos una voz ajena a nuestro ser integral, ajena a nuestro conocimiento ancestral y a lo que sentimos realmente. Voces ajenas que simplifican y vulgarizan procesos íntimos en los que todo lo que nos ocurre está relacionado con un todo mayor particular lleno de enlaces cuánticos que sólo nosotros podemos comprender llegado el momento justo, ni antes ni después. El encantamiento se acaba cuando despertamos de la hipnosis: no se puede hipnotizar a quien no lo permite.
Es como cuando llegamos a casa y nos saluda nuestro perro o nuestro gato y ni lo vemos, ya que estamos distraídos pensando en “nuestras cosas”. La vida real se expresa a través de los ojos de nuestro amigo y seguimos con nuestra cháchara mental  ubicada en el pasado o en el futuro, perdiendo la atención del instante presente, el punto cero vital, único punto desde el que se puede mirar alrededor como un todo ordenado en el que todo tiene relación con todo.
El enemigo no está donde nos creemos. Es muy cercano. Es un simple movimiento hacia un lado que desplaza nuestra atención hacia un doble de plástico. Nos están tomando el pelo pero sólo porque lo permitimos y lo que somos de verdad está siempre adaptándose a ello.

Autora:  Marisa Ferrer  Fecha: 29/5/2015

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lunes, 5 de octubre de 2015

Findhorn y sus esencias florales

La terapia floral fue desarrollada por el doctor Edward Bach a principios del siglo XX inspirándose en técnicas de curación tan antiguas que se pierden en los tiempos. Algunos grandes seres, como Paracelso, estuvieron investigando los efectos de las flores y el rocío y el doctor Bach profundizó en ello y creó toda una terapia.
Cuando hablamos de terapia floral estamos hablando de terapia vibracional, así como pasa con la homeopatía o tantas otras iniciativas actuales. Las esencias nos ponen en contacto con la inteligencia de las flores y nos ordenan internamente, restableciendo la salud. Mediante la terapia con las esencias integramos en nosotros las cualidades de las flores, ayudándonos a llevar adelante cada proceso que vivimos.
Las flores representan la belleza y la generosidad en el universo. Fijaos en cómo nos dan su aroma, colores, forma, tacto y ahora, también, su esencia sin pedirnos nada a cambio. Viven su vida como una explosión de exuberancia y belleza y nosotros nos beneficiamos de ello a veces sin ni darnos cuenta.
Las flores reciben la energía del cosmos y de la tierra y si nos relacionamos con ellas nos ponen en contacto con nuestra parte más profunda, bella y amorosa. Porque ellas SON nos acercan a lo que cada uno de nosotros ES, de manera que recibimos nuestra propia guía. Más allá de las apariencias todos estamos relacionados en un cosmos y las flores nos ayudan a tomar contacto con los aspectos más elevados de este universo.
Tratarnos con esencias nos pide mucha paciencia y atención. En general es una terapia lenta pero muy segura y sin contraindicaciones ni peligros, porque trabajan poniéndonos en contacto con partes muy elevadas de nosotros mismos. Podemos ir pasando por diferentes etapas, algunas más fáciles con mejoras evidentes y otras no tan fáciles, cuando estamos tocando puntos que han de ser resueltos porque están bloqueando las energías del libre fluir de la vida en nosotros.
¿POR QUÉ LAS TERAPIAS DE FINDHORN?
Las esencias florales y minerales de Findhorn se elaboran en una ecoaldea situada en el nordeste de Escocia por Marion Leigh, una de las residentes de la comunidad más veteranas.
Findhorn nació en 1962 en un antiguo camping al noroeste de Escocia. Recibe cerca de 14.000 visitantes al año de más de 50 paises. Es conocida actualmente por sus experimentos sobre nuevas formas de vida holísticas y sostenibles. Es la mayor comunidad independiente de Reino Unido.
A principios de los 80 empezaron con la construcción de una ecoaldea. Hasta el momento se han construido 25 edificios ecológicos, incluyendo una innovadora planta biológica de tratamiento de residuos llamada “Living Machine” (la “Máquina Viva”)
Los primeros habitantes de la comunidad fueron Peter y Eileen Caddy. Cuando se instalaron en una pequeña roulotte era un lugar extremadamente árido, una bahía constantemente azotada por vientos fríos y casi sin vegetales. Ellos se instalaron allí después de pasar grandes penalidades y quedarse prácticamente sin recursosporque la vida los fue dejando sin recursos. Sintieron una llamada interna que los llevó hasta allí pero al principio les costaba creer que allí nacería algo realmente importante.
Poco a poco fueron creando un espacio que ellos sentían como sagrado y ahora es un lugar extraordinariamente exuberante y bello. Todo fue sucediendo paulatinamente. Las personas que irían desarrollando el proyecto fueron instalándose allí una a una, aportando sus propias cualidades en beneficio de los visitantes que han ido llegando al lugar.
Poco a poco, mucha gente fue atraida por el gran magnetismo de la comunidad y actualmente es un centro espiritual al que visitan personas de todas creencias y culturas.
Una de las primeras personas en llegar fue Marion Leigh, la creadora de las esencias florales de Findhorn.
En palabras de Marion:
“Las esencias florales siempre están relacionadas con el entorno en el que crecieron las flores. En Findhorn tenemos condiciones únicas. Por ejemplo, tenemos luz solar en verano durante casi 24 horas. Esto es mucha luz. Existe un gran poder en la misma tierra. Tenemos muchas líneas energéticas que cruzan. Tenemos lo que llamamos puntos de poder en la naturaleza. También, por las especiales energías naturales de Findhorn, hay lugares donde los espíritus de la naturaleza pueden vivir en armonía con los seres humanos.”
Tuve la oportunidad de visitar Findhorn para formarme como terapeuta floral con Marion Leigh. Creo firmemente, por mi experiencia allí, que la comunidad de Findhorn tiene como principal misión recuperar nuestra conexión con la naturaleza, tanto en cuanto a exterior como nuestra propia interioridad. En un tiempo en que nos estamos alejando de la naturaleza,de nuestro ser esencial y de nuestras cualidades más profundas, Findhorn nos permite recuperar esta inteligencia respecto a nosotros mismos y a la vida.
En Findhorn el respecto a la naturaleza es máximo y todo lo que cultivan se produce mediante agricultura biodinámica. Las esencias que se producen en este lugar tan especial nos pueden ayudar a restablecer la salud, tanto en nuestro organismo como en nuestra vida.

Autora:  Marisa Ferrer  Fecha: 5/10/2015


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